Desde que acabé los exámenes mi mundo ha bajado el ritmo de respiración, ahora va pausado, demasiado pausado… Mi móvil sin alarmas por la mañana, mi estómago con las únicas convulsiones que producen la ingesta de comida… Música en mis oídos y teclas en mis dedos parecen ser las únicas compañeras, junto a un montón de ideas para ir escribiendo a cachos el PFC: gajos de código y párrafos sueltos.
Hoy me desperté y pensé que hacía tiempo que no escribía nada de lo que tengo dentro. Sigo teniendo ganas de crear y cada día cojo un ratito para programar algunas cosas que se me pasan por la cabeza, pero necesito ritmo. Tengo ganas de que vuelvan clases, laboratorios, profesores, compañeros y salir.
Porque con todo el mundo de exámenes o currando es extraño estar en casa, recluido, para no sufrir el frío invernal que asola Madrid.
Alguna vez ya he hablado de las múltiples “camas” que existen a lo largo de la mañana. Porque no menos confortable que la cama es ese momento en que, tras dejar correr un poco el agua y terminar de desnudarte, te metes bajo el agua de la ducha. Vaya, la cantidad de problemas que hay fuera de las fronteras de ese agua que cae y llena de una fina capa de líquido elemento a cuarenta grados y tú ahí dentro. Si quieres puedes olvidarte de todo; yo personalmente pienso durante esos 3 minutos que no hay problema importante, que las cosas que te preocupan en el día a día no pueden compararse, ni de lejos, con la de cosas increibles que sí que hay en tu vida.
