Uffff, ya llega la época de agobio: varias prácticas a la vez (parezco un sistema operativo multitarea repartiendo el tiempo para cada una… brrrl), un trabajo pendiente…. Pues eso, que muchas cosas que inundan el día a día y me parece sentirme bajo el agua: con poca movilidad, acciones instintivas y una visión de lo que me rodea muy desenfocada… Tengo poco tiempo para realizar mis sueños.
Este año, ante la expectativa de tener pocas clases, me propuse utilizar el tiempo de dos o tres mañanas a la semana para pasear por esta ciudad llena de historias, para visitar lugares conocidos o desconocidos… Pero no ha sido así; creo que es el año en el que más agobio de trabajo tengo en la universidad… Supongo que esto será parecido (o no) a cuando en el trabajo te saturas de trabajo “para hace una hora” y la gente que te rodea te parece insoportable.
Menos mal que este fin de semana vino mi novia a visitarme, hacemos cuatro años juntos, y aunque no me deje programar me hace feliz
Programar es una cosa que me relaja, y más con lenguajes de programación tan bonitos como Java o PHP. Java es un canto a la perfección y PHP a lo práctico. Java es como una escultura renacentista: con unas líneas tan definidas, tan perfecto y complejo como un círculo.
Esa edad me encanta, de vez en cuando al hacer algo me viene un pseudorecuerdo sobre algo que me pasó de pequeño, o la primera vez que hice algo, o cuando me dí cuenta de las posibilidades de algo… La manera que tenemos de recordar esos sentimientos tan tembranos es extraña; como ver una película bajo el agua (y sin gafas de bucear
Comienza a trabajar a las 10:30, a pronunciar una y otra vez “Lleve doce pilas lleve un euro”. A pesar de la poca gramática que tiene esa frase se ha convertido en parte de mi día a día; ya sé que al salir a la calle, al reencontrarme con la luz del sol oiré esas palabras. A veces pienso que me gustaría hacerle una foto en la que se pudiera adivinar todo lo que me transmite él, ampliársela y regalársela. Tiene cara de buena persona, sonriente, y últimamente cojea… A saber lo que le ha pasado; no creo recordar que antes cojeara. Si este blog fuera medianamente famoso mucha más gente se fijaría en esa persona que construye su vida, día a día.
Un egoflog es como tener un hijo cafre (léase nazi-violento, pega a su pareja, da droga a los niños, o se los come tentándolos con su casa de caramelo…); día tras día te cuestionas si realmente tu “creación” lo es, pero te autoimpones el “no” ya que hay muchos grados entre el blanco y el negro y qué mala suerte si, el tuyo, iba a ser negro. ¿Verdad? Pero al final te das cuenta de lo que has creado.
La imaginación se está perdiendo, esa chispa que te hacía volar a un mundo que, aun imaginario, te hacía vibrar y soñar que las cosas podían ser distintas… Hoy pocos libros hablan sobre una imaginación completa (es decir, cosas que NO pueden pasar en la vida real) y poca gente se ve en el metro leyendo algo que construya algo nuevo en Fantasía… Yo mismo me doy por aludido. Hoy en día lo que se consume es realidad ficticia, fantasías que te llevan a una realidad alternativa en la que la única imaginación que necesitas para no sentirte desplazado es conocer cuatro chorradas sobre el día a día y reir reir, mucho reir, pero sin sentido. Si quiere saber qué ha sido de Tami Stronach, la Emperatriz Infantil, con 20 años más de vida sobre las espaldas, es decir: 32, échale un ojo a
Como dije en el post anterior, ayer (dudo durante unos instantes) fui al programa de
Al terminar nos dieron las gracias por haber ido y madrugar (a lo que les respondimos que no habíamos madrugado, sino que llevábamos despiertos 24h). Desde aquí agradezco el trato que tuvieron con nosotros.
Me gusta oir la música que me gusta y pensar que a alguien le gustaría que le gustara… Yann Tiersen me parece maravilloso. Me transporta a mundos que aún no he visitado y me recuerda como son los que ya creía olvidados. Alguien que consigue eso mediante la música no tiene otro calificativo que genio. Me gustó much oir algunas melodías suyas mientras el suelo quedaba no bajo mis pies, sino 15 o 20 metros encima de mis ojos. Incluso en un lugar como en el metro me llegan las imágenes y los olores de un Interrail ya lejano, de las playas de Brest, del olor de París…
abrazadas a la almohada, con los ojos cerrados y con los oidos y la mente abiertos a lo mismo que los míos. Pero ayer no quise hacer eso. Llovía y no quise perderme la oportunidad de abrir unos centímetros la ventana para que el sonido de las gotas al aterrizar en las hojas los bancos y las ventanas me acompañara hasta el mundo de los sueños; ese que tanto anhelo y que tanto confundo con la monotónía enrarecida.